LA IA EN LA ENCÍCLICA
MAGNIFICA HUMANITAS
MARC GARCÍA

Magnifica humanitas (“Magnífica humanidad”) es la primera encíclica de León XIV. Su subtítulo es tan sugerente –Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial–1 como lúcida la perspectiva que brinda de la IA. Vamos a irla viendo de la mano de algunos fragmentos del documento que hemos seleccionado y organizado a la manera de una síntesis de los conceptos nucleares que se vierten en él:

No es posible dar una definición única y completa de la IA. Lo que podemos decir es que hay que evitar el equívoco de equiparar esta “inteligencia” a la humana. Estos sistemas imitan ciertas funciones de la inteligencia humana. Al hacerlo, a menudo la superan en velocidad y amplitud de cálculo, ofreciendo beneficios concretos en numerosos campos. Y, sin embargo, esta potencia sigue ligada exclusivamente al tratamiento de datos: las denominadas inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad. Tampoco tienen una conciencia moral: no juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones ni asumen el peso de las consecuencias. Pueden imitar lenguajes, comportamientos, valoraciones; pueden simular empatía o comprensión, pero no conocen lo que producen, porque no residen en el horizonte afectivo, relacional y espiritual en el que el ser humano se vuelve sabio. Incluso cuando dichos instrumentos se presentan como capaces de “aprender”, lo hacen de modo diferente al de la persona humana. No es la experiencia de quien se deja modelar por la vida y crece en el tiempo por medio de decisiones, errores, perdón y fidelidad; es más bien una adaptación estadística a partir de datos y retroalimentaciones, que puede ser muy eficaz, pero no implica un crecimiento interior.2

(…)

La impresión de objetividad que las respuestas y las propuestas de estos sistemas pueden suscitar corre el riesgo de hacernos olvidar que éstas reflejan los parámetros culturales de quienes los han proyectado y adiestrado, con todas sus virtudes y defectos. La imitación artificial de una comunicación humana positiva –palabras de consejo, de empatía, de amistad, de amor– puede resultar gratificante e incluso útil, pero en usuarios poco conscientes puede inducir a engaño y dar la falsa impresión de estar en una relación con un auténtico sujeto personal. Cuando la palabra es simulada, ésta no construye una relación, sino una apariencia. La imitación artificial de la relación de cuidado o de acompañamiento puede ser peligrosa cuando se introduce en un contexto pobre de relaciones y de afectos reales; entonces el riesgo no es tanto que una persona crea que está hablando con otra persona, sino que pierda el deseo mismo de buscar realmente al otro.3

(…)

Aquí es necesario reconocer un aspecto decisivo, que ya he mencionado antes: en muchos casos, en el contexto digital, el control de las plataformas, las infraestructuras, los datos y la capacidad de cálculo no es prerrogativa de los Estados, sino de grandes actores económicos y tecnológicos que determinan de facto las condiciones de acceso, las reglas de visibilidad y las mismas posibilidades de participación. Cuando un poder de tal magnitud se concentra en pocas manos, tiende a hacerse opaco y a eludir el control público, y crece el riesgo de un desarrollo distorsionado que provoca nuevas dependencias, exclusiones, manipulaciones y desigualdades.4

(…)

Porque, como ocurre con todo gran avance tecnológico, la IA tiende a aumentar sobre todo el poder de quien ya dispone de recursos económicos, competencias y acceso a los datos. A la luz del bien común y del destino universal de los bienes, este fenómeno suscita profunda preocupación: pequeños grupos muy influyentes pueden orientar la información y el consumo, condicionar procesos democráticos e incidir en las dinámicas económicas en beneficio propio, contradiciendo la justicia social y la solidaridad entre los pueblos.5

(…)

Tratando de hacer emerger los presupuestos culturales que acompañan la revolución digital en curso, quisiera ahora dirigir la atención a algunas corrientes que interpretan el progreso como una superación del ser humano y que podemos clasificar con los nombres de transhumanismo y posthumanismo. Estas corrientes constituyen el trasfondo ideológico que reside en algunos centros de poder tecnológico y colonizan el imaginario colectivo de forma simplificada, especialmente en los medios y en las redes sociales, induciendo el entusiasmo por las nuevas tecnologías con una visión futurista de “humanidad potenciada” o de “hombre hibridado” con la máquina. (…) En general, el transhumanismo imagina una potenciación del ser humano por medio de las tecnologías –biomedicina, ingeniería del cuerpo, dispositivos, algoritmos–, con la aspiración de incrementar el rendimiento y las capacidades. El posthumanismo, sobre todo en sus versiones más radicales, va más allá: critica el antropocentrismo y plantea una forma de hibridación entre el ser humano, la máquina y el ambiente, hasta imaginar que la humanidad se superará a sí misma, entrando en una nueva fase evolutiva. Aun cuando estas hipótesis siguen siendo en gran parte especulativas, van adquiriendo relevancia, porque modifican el imaginario colectivo y, en consecuencia, orientan las decisiones sociales, económicas y políticas.6

(…)

El uso de la IA nunca es un hecho puramente técnico: cuando entra en procesos que inciden en la vida de las personas, afecta a sus derechos, oportunidades, reputación y libertad. Las decisiones delicadas que repercuten en el trabajo, el acceso a créditos y a otros servicios, y la reputación de las personas, corren el riesgo de ser confiadas completamente a sistemas automatizados que no conocen “la compasión, la misericordia, el perdón y, sobre todo, la apertura a la esperanza de cambio en el individuo”, pudiendo así producir nuevas formas de descarte. Puede haber usos evidentemente antihumanos, como la manipulación de la información o la violación de la privacidad, pero puede haber también un engaño menos evidente, cuando los sistemas de IA, presentándose como neutrales y objetivos, reflejan y refuerzan estereotipos o posiciones ideológicas de quienes los han diseñado y programado.7

(…)

Los actuales sistemas de IA requieren grandes cantidades de energía y agua, inciden de manera significativa en las emisiones de anhídrido carbónico y consumen recursos de manera intensiva. Con el aumento de la complejidad, sobre todo en los grandes modelos lingüísticos, crecen también las necesidades de potencia de cálculo y capacidad de almacenamiento, que se apoyan en un conjunto de máquinas, cables, centros de datos e infraestructuras consumidoras de energía.8

(…)

La revolución digital está modificando la gramática de los conflictos. A la guerra visible se suman formas híbridas: ataques cibernéticos, manipulación de la información, campañas de influencia y automatización de decisiones estratégicas. La IA entra en estos procesos como factor de aceleración, en un contexto en el que muchas tecnologías son intrínsecamente ambivalentes: lo que nace para proteger puede convertirse rápidamente en ataque, y la frontera entre protección y agresión tiende a difuminarse. La IA puede potenciar la defensa y la protección de los civiles, pero también puede bajar el umbral del uso de la fuerza, hacer opacas las responsabilidades y alimentar una cultura en la que el enemigo queda reducido a un dato y la víctima a un “daño colateral”.9

(…)

A este panorama se suma el desarrollo incesante de los sistemas de armas, y en particular de las armas relacionadas con las IA. La Santa Sede ha señalado recientemente que la creciente facilidad con la que se pueden emplear los sistemas de armas con autonomía operativa hace que la guerra sea más “viable” y menos sujeta al control humano, lo que contradice el principio de que recurrir a la fuerza armada debe ser un último recurso en caso de legítima defensa. (…) No existe algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable. La IA no libera al conflicto de su intrínseca inhumanidad: solo puede hacerlo más rápido e impersonal, bajando el umbral del recurso a la violencia y transformando la defensa en previsión operativa, con las víctimas reducidas a datos. Así, nos acostumbra a la idea de que la violencia sea inevitable y solo deba optimizarse.10

Descritas las amenazas que la IA supone para el género humano y su “casa común”, nuestro planeta, el papa hace un llamamiento al control de los sistemas de inteligencia artificial y a la responsabilidad ética de sus desarrolladores:

Quisiera, por último, usar una palabra muy importante para mí: “desarmar”. Desarmar la IA significa sustraerla a la lógica de la competencia armamentista, que hoy ya no es sólo militar, sino también económica y cognitiva. Es la carrera por el algoritmo más eficaz y por el banco de datos más amplio, para consolidar una ventaja geopolítica o comercial sobre todos los demás. Desarmar quiere decir romper esta equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar. Desarmar no significa renunciar a la tecnología, sino impedirle el dominio sobre lo humano. Significa sustraerla a los monopolios, hacerla discutible, refutable, y por tanto habitable, restableciendo en ella la pluralidad de las culturas humanas y de las formas de vida. La tarea, hoy, no es sólo ética o técnica; es ecológica en el sentido más radical, porque interpela una nueva dimensión de nuestra casa común. La IA es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar. Por eso, no basta con regularla; es necesario desarmarla y hacerla acogedora.

Hago un vehemente llamamiento a quienes desarrollan sistemas de IA. La innovación tecnológica puede ser, en cierto modo, una forma humana de participación en el acto divino de la creación. Los desarrolladores llevan, por tanto, un importante peso ético y espiritual, ya que cada elección de proyecto expresa una visión de la humanidad. Así como el autor de una obra artística o literaria está obligado a considerar los valores que manifiesta, así también ellos están llamados a tratar con la debida seriedad los valores que infunden en sus proyectos: con transparencia, con responsabilidad hacia las comunidades involucradas y con atención a garantizar que lo que se cultiva sea realmente un bien.11

Magnifica humanitas, por decirlo de alguna manera, bascula entre la denuncia de los peligros que la IA proyecta sobre nuestra humanidad y la exhortación esperanzada a construir “una civilización del amor” a la luz de los principios de la Doctrina social de la Iglesia católica,12 una gesta cuyos adalides habrían de ser los cristianos y la gente de buena fe en general:

A todos los fieles católicos, a todos los cristianos, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad les dirijo un vehemente llamamiento: no temamos ensuciarnos las manos en la obra de nuestro tiempo. Como Nehemías,13 oremos, proyectemos con sabiduría, trabajemos con perseverancia, poniendo a Dios en el horizonte de nuestro actuar y al ser humano en el centro de nuestras decisiones. Entonces las piedras desechadas –los pobres, los enfermos, los migrantes, los pequeños– se convertirán en piedras angulares, y sobre la tierra surgirá un hogar común sólido y hospitalario, donde el amor y la verdad finalmente se encontrarán, y la justicia y la paz se besarán (cf. Sal 85, 11). Esta es la bendición que imploramos a Dios y la tarea que tenemos por delante: ser constructores de comunión, no arquitectos de Babel; siervos del Reino que viene, no dueños de torres destinadas a derrumbarse. Y, con ánimo de pastor y de padre, pido a todos que detengan la construcción de la enésima Babel y que unan fuerzas para edificar en el bien, para que la humanidad nunca pierda su propia belleza y el mundo pueda reconocer una vez más, en el corazón del ser humano, el lugar donde Dios desea habitar.14

Pero los signos de los tiempos y los textos venerados de muchas tradiciones –también los del judeocristianismo– nos indican que el ciclo de nuestra humanidad está casi agotado. En nuestro tiempo vemos que lo destructivo prevalece sobre lo constructivo, y esta tendencia debe agudizarse a medida que la Edad de Hierro en que nos ha tocado vivir se aproxime más y más a su “final naturalmente ‘catastrófico’, en el sentido etimológico que evoca la idea de una ‘caída’ súbita e irremediable”, un trance obligado para que se pueda dar un “‘enderezamiento’ mediante el cual, como hemos dicho, todas las cosas son devueltas a su ‘estado primordial’ de forma no menos súbita”.15 Aunque uno procura que impere la armonía y la belleza en los ámbitos en que se mueve, porque es lo que le nace de natural, la construcción de la enésima Babel, que la encíclica describe como “un poder que pretende dominar el cielo”, “la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único, incluso digital, capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos”,16 avanza a todo trapo y en el clímax de su paroxismo se derrumbará aplastando esta ‘civilización global’ que ya apenas se sostiene.

Es significativo que una de las críticas más furibundas que ha recibido León XIV a raíz de la publicación de Magnifica humanitas provenga de Peter Thiel, cofundador de Palantir Technologies. Esta gran corporación dedicada a los sistemas IA es

la empresa de análisis de macrodatos (big data) más potente del mundo. Fundada en 2003 con apoyo financiero y logístico de la CIA, su nombre se inspira en las “piedras videntes” de la saga de El Señor de los Anillos. La compañía desarrolla plataformas de inteligencia artificial (como Gotham y Foundry) que procesan volúmenes masivos de información de diversas fuentes para ayudar a gobiernos, agencias de inteligencia, ejércitos y grandes corporaciones a detectar patrones, extremar la vigilancia y tomar decisiones estratégicas.17

Palantir “desarrolló las herramientas que llevaron a la muerte de Osama Bin Laden en 2011”, y su sistema de integración de datos Maven, construido con apoyo financiero del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, “se está usando en estos momentos para identificar objetivos militares en Irán y para operar los drones que EEUU ha desplegado en la región”.18 Pues bien,

Thiel la tiene tomada con el papa León XIV. Hace tres meses viajó a Roma, en vísperas de la publicación de la encíclica pontificia sobre la IA, para denunciar que el verdadero Anticristo es el Papa. Según su elucubración teológica es Anticristo quien se opone al programa de libertad sin límites para la tecnología. Pretendía dar una conferencia en la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino, en la que el fraile agustino Robert Francis Prevost, actual obispo de Roma, cursó estudios de derecho canónico en los años setenta. Quería acusarlo desde las aulas donde se formó. La conferencia acabó siendo impartida en un palacio privado ante un público muy restringido. Estos días, Thiel ha vuelto a la carga. “El Papa se comporta como un agente del Partido Comunista Chino”, ha dicho en un foro celebrado en Aspen (Colorado), refiriéndose a la encíclica Magnifica Humanitas. Si el Papa propone ‘desarmar’ la IA, ello le convierte en colaborador objetivo de los comunistas chinos.19

En el otoño de 2025, Thiel dio un seminario de cuatro conferencias sobre el Anticristo en San Francisco. Aunque la difusión de su contenido estaba terminantemente prohibida, uno de los inscritos publicó en internet unas notas sobre las intervenciones del ponente que permiten acercarnos a su pensamiento. Para Thiel, “la historia de la humanidad se encuentra atrapada entre dos riesgos fundamentales: el reinado del Anticristo, fantasía de un gobierno totalitario mundial, y el Armagedón, que corresponde a la destrucción total del mundo. El katechon, ‘lo que retiene’ el fin de los tiempos” y lo posterga, está representado por el “aceleracionismo tecnocapitalista” de la innovación tecnológica y “sería una vía intermedia entre estos dos escenarios”, “una solución paradójica para impedir el reinado del Anticristo”.20

Por supuesto, esta prédica hay que ponerla en el contexto de los intereses de Thiel y de su compañía. Recientemente, el empresario

ha establecido su domicilio en Buenos Aires con la mirada puesta en la Patagonia. El ‘filósofo oscuro’ quiere tener su propio reino. Toma distancias de Washington ante la vorágine de las elecciones de medio mandato, huye de la fiscalidad de California, y ofrece a Javier Milei convertir la Argentina en un gran laboratorio mundial de la IA sin restricciones, supervisiones, ni controles.

A través de su fondo de capital riesgo Founders Fund está invirtiendo en un programa tecnológico para maximizar la explotación del yacimiento de Vaca Muerta, gigantesca formación geológica con hidrocarburos no convencionales en el norte de la Patagonia, que debe ser explotado con técnicas de fracking. Se captura el gas excedente para convertirlo de manera inmediata en electricidad, que a su vez alimenta centros de datos de alta densidad para la IA. Thiel quiere construir numerosos centros de datos en las llanuras de la Patagonia, aprovechando los cursos de agua y las excelentes condiciones de refrigeración. Quisiera ensayar en la Patagonia el proyecto de ciudades-sin Estado que se quiso experimentar en Honduras con la ciudad-empresa de Próspera, en la isla de Roatán,21 proyecto que fracasó tras un fallo adverso de la Corte Suprema de Honduras.

El reino anarco-liberal de la Patagonia. Para que esa idea prospere, el mandato de Milei debería tener continuidad. Palantir se ocupará de ello si tiene acceso a todos los datos del Estado argentino sobre sus ciudadanos. La colonización de esos datos puede cambiar definitivamente el destino de Argentina.

¿Qué ofrece Milei a cambio? Una legislación sin límites. Un compromiso estatal explícito de no intervenir ni aplicar regulaciones tempranas sobre el desarrollo de Inteligencia Artificial. Haz lo que quieras. Abolición de las normas estatales que en la actualidad dificultan la adquisición de grandes extensiones de tierra a capitales extranjeros. Compra lo que quieras en la Patagonia. Promoción de nuevas centrales nucleares, de tecnología norteamericana, para alimentar los nuevos data center. Creación de figuras jurídicas que faciliten la puesta en marcha de empresas gestionadas exclusivamente por la IA sin intervención humana. Impuestos bajísimos. Experimenta como quieras y paga lo que quieras.22

¿Y cómo casa el postergamiento heroico del fin de ciclo con el saqueo monstruoso en ciernes de la Patagonia? ¿En qué cabeza cabe que ambos propósitos puedan conciliarse? Sólo en la de aquél o aquéllos que quieran profitar cuanto más mejor en estos tiempos terminales en que tanta gente va perdida y acredita en cualquier simulacro. Por eso un aldabonazo como el de Magnifica humanitas les sienta fatal.

Pero es más: estos que se presentan públicamente como unas entidades cuasi-providenciales avaladas por San Pablo23 demuestran ser unos impostores contratradicionales que trabajan para el Anticristo al que supuestamente están parando los pies. Porque extender la duración de las postrimerías del ciclo significa aplazar la regeneración de nuestro mundo, y ¿a quién si no al Adversario podría interesarle tal cosa?24

 

NOTAS
1 El papa explica el sentido de este epígrafe en un acápite de la encíclica: “Después de haber recordado las cuestiones de la responsabilidad y del gobierno de la IA, es necesario volver a nuestro tema central: qué significa custodiar lo humano. El riesgo no es sólo que algunas tecnologías se usen mal, sino que el paradigma tecnocrático en el que estamos inmersos, potenciado por la revolución digital y la IA, haga parecer justa y normal una versión antihumana, según la cual la plenitud de la vida consistiría en tener más, reducir la fragilidad, eliminar lo imprevisto y controlarlo todo. Cuando la eficiencia se vuelve medida de valor, el ser humano se ve tentado a considerarse como un proyecto que debe optimizarse más que como una criatura llamada a la relación y a la comunión”. León XIV. Magnifica humanitas, 112. Ed. San Pablo, Madrid, 2026.
2 León XIV, op. cit., 99.
3 Ibid., 100.
4 Ibid., 95.
5 Ibid., 108.
6 Ibid., 115-116.
7 Ibid., 102.
8 Ibid., 101.
9 Ibid., 183.
10 Ibid., 197-198.
11 Ibid., 110-111.
12 Magisterio inaugurado por León XIII con la encíclica Rerum novarum, a finales del siglo XIX, al que se pasa revista en los primeros capítulos de la carta de León XIV.
13 Nehemías, copero del rey persa Artajerjes (s. V a.C.), consiguió de éste un permiso para reconstruir las murallas devastadas de Jerusalén, labor enorme que pudo llevar a cabo gracias al apoyo de la población de diversas localidades de Judea.
14 Ibid., 16.
15 René Guénon. El reino de la cantidad y los signos de los tiempos. Ed. Paidós, Barcelona, 1997.
16 León XIV, op. cit., 9-10.
17 Enric Juliana. Thiel, rey de Patagonia. La Vanguardia, 7 de julio de 2026.
18 Rafael Abuchaibe. Palantir: ¿por qué causa preocupación el creciente poder global de la compañía de IA? BBC News Mundo, 22 de abril de 2026.
19 Enric Juliana, op. cit.
20 Arnaud Miranda y Jean-Benoît Poulle. Peter Thiel: notas secretas del seminario sobre el Anticristo. Le Grand Continent, 29 de septiembre de 2025. El katechon, al que alude Thiel como uno de sus supuestos paladines, aparece citado en la segunda carta de San Pablo a los Tesalonicenses en relación con la parusía: “Que nadie os engañe de ninguna manera. Primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el Hombre impío, el Hijo de perdición, el Adversario que se eleva sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios. ¿No os acordáis que ya os dije esto cuando estuve entre vosotros? Vosotros sabéis qué es lo que ahora le retiene, para que se manifieste en su momento oportuno. Porque el misterio de la impiedad ya está actuando. Tan sólo con que sea quitado de en medio el que ahora le retiene, entonces se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la Manifestación de su Venida” (2 Ts 2, 3-8).
21 “Próspera se gestiona de forma totalmente independiente de las estructuras democráticas hondureñas. Cuenta actualmente con unos 2.000 residentes físicos y ‘electrónicos’, según la empresa [Pronomos Capital, sociedad que financia el proyecto], y espera alcanzar una población de 38.000 habitantes para 2030. Aparte de inmuebles atractivos para inversores presentes o ausentes, la ZEDE [Zona de Empleo y Desarrollo Económico] cuenta con un centro de bitcoin y una clínica experimental que aprovecha la ausencia de controles sobre nuevos fármacos. En la entrada de la ciudad se levanta un edificio futurista llamado ‘The Circular Factory’, donde robots transforman bloques de madera en materiales de construcción. En la sede de la entidad virtual Infinita City en Próspera, se investiga sobre la longevidad, una obsesión de Thiel. Una urbanización de viviendas futuristas, diseñadas por el equipo de la difunta arquitecta vanguardista Zaha Hadid, completa la imagen de ciencia ficción con la que se promociona esta ZEDE”. Andy Robinson. Próspera, la isla de la libertad trumpista. La Vanguardia, 4 de diciembre de 2025.
22 Enric Juliana, op. cit.
23 Ver nota 20.
24 A este propósito, es muy revelador cómo continúa la carta de San Pablo después de los versículos que dedica al katechon: “La venida del Impío estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros, señales, prodigios engañosos, y todo tipo de maldades que seducirán a los que se han de condenar por no haber aceptado el amor de la verdad que les hubiera salvado. Por eso Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira, para que sean condenados todos cuantos no creyeron en la verdad y prefirieron la iniquidad” (2 Ts 2, 9-12). ¿A cuántos millones de personas han cautivado ya las fantasmagorías de la IA?

 

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