LA VERDADERA RESOLUCION DE LA
"CUADRATURA DEL CIRCULO" (Cont.)
JAVIER S. MASKIN
 CAPITULO VI
EL INTERIOR Y EL EXTERIOR
En la tradición extremo-oriental, "se dice (…) que el Cielo, que envuelve o abraza todas las cosas, presenta al Cosmos una faz 'ventral', es decir interior, y la Tierra, que las soporta, presenta una faz 'dorsal', es decir exterior; lo que es fácil de ver por la simple inspección de la figura adjunta, donde el Cielo y la Tierra están naturalmente representados respectivamente por un círculo y un cuadrado concéntricos (fig. 16).


Figura 16

"Se ha de remarcar que esta figura reproduce la forma de las monedas chinas (…): entre el contorno circular y el vacío cuadrado del medio, la parte plena, donde se inscriben los caracteres, corresponde evidentemente al Cosmos, donde se sitúan los 'diez mil seres', y el hecho de que ella esté comprendida entre dos vacíos expresa simbólicamente que lo que no está entre el Cielo y la Tierra está por eso mismo fuera de la manifestación"
.
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Entre el círculo y el cuadrado, un mundo desarrolla las posibilidades inherentes a su propia naturaleza. ¿Cuáles serían los "dos vacíos" entre los cuales están comprendidas las representaciones de la "cuadratura del círculo" y de la "circulatura del cuadrado"?

La "circulación del cuadrado", como se ha señalado, es un hecho instantáneo, fuera del tiempo, pero en ese mismo instante un nuevo mundo se manifiesta. Ese instante es el "punto" del sûtrâtmâ que, a la vez, une y separa dos "perlas" consecutivas, sin "formar parte" ni de una ni de la otra. Cada "perla" está comprendida entre dos de esos "puntos", externos a ella, o sea no manifiestos; ellos son los "dos vacíos" que constituyen los límites de cada Cosmos, de cada ciclo de manifestación o de cada grado de la Existencia universal, según sea el punto de vista que se adopte. Estos dos "puntos" están ambos en el centro de las figuras que representan la "cuadratura del círculo" y la "circulatura del cuadrado".

Ahora bien: En cierto sentido, en ambas figuras ha desaparecido la distinción entre el círculo y el cuadrado: ellas no son ni un círculo ni un cuadrado sino, más bien, un círculo y un cuadrado integrados el uno al otro. No obstante, persiste la dualidad, toda vez que la figura "integrada" tiene, obviamente, un interior y un exterior. Sólo que, aquí, el interior y el exterior expresan un simbolismo diferente al de la "moneda china".

En efecto, si se observa la ilustración Nº 16, se apreciará que "hay un punto sobre el cual la figura podría parecer inexacta, y que corresponde por otra parte a un defecto necesariamente inherente a toda representación sensible: si no se toma en cuenta más que las posiciones respectivas aparentes del Cielo y de la Tierra, o más bien de lo que las representa, podría parecer que el Cielo está al exterior y la Tierra al interior; pero ocurre que, ahí también, es preciso no olvidar de hacer la aplicación de la analogía en sentido inverso: en realidad, desde todos los puntos de vista, la 'interioridad' pertenece al Cielo y la 'exterioridad' a la Tierra (…). Por lo demás, aún tomando simplemente la figura tal como es, se ve que, en relación al Cosmos, puesto que el Cielo y la Tierra son sus límites extremos, éstos no tienen verdaderamente sino una sola cara, siendo esta cara interior para el Cielo y exterior para la Tierra; si se quisiera considerar la otra cara, habría que decir que ésta no puede existir sino en relación al principio común en el cual ellos se unifican y donde desaparece toda distinción entre el exterior y el interior, así como toda oposición y aún todo complementarismo, para no dejar subsistir sino la 'Gran Unidad' ".54

En las ilustraciones Nºs  6 y  11, en cambio, el interior no es el Cosmos sino el "túnel del sûtrâtmâ", de modo que el exterior es la "perla", es decir, el mundo manifiesto. Y puesto que el sûtrâtmâ es lo que vincula a todos los mundos con el Principio de la manifestación universal, bien podemos decir que, aquí, la "interioridad" pertenece a la Causa y la "exterioridad" a sus efectos, en perfecta concordancia con la naturaleza de las cosas. Pero si el "túnel del sutrátma" es el "límite interior" del Cosmos, ¿cuál es su "límite exterior"? A decir verdad, no existe tal "límite exterior": En relación a la Causa, sus efectos son "la exterioridad misma", y no tendría el menor sentido hablar de "el exterior de la exterioridad"; la manifestación proviene del Principio y en él se reabsorberá "al final de los tiempos", de modo que, en realidad, el Cosmos tiene un solo límite, el cual le es siempre "interior". Desde luego, no hay modo alguno en que esto pueda ser representado por una figura geométrica; sólo podemos decir que, si partimos del contorno de las figuras Nº 6 o Nº 11 y nos dirigimos "hacia afuera", luego de recorrer la indefinida extensión de "la exterioridad" acabaríamos por retornar al mismo punto de partida.

Muchas veces, lo interior y lo exterior aparecen estrechamente asociados con lo claro y lo obscuro, y esta asociación es perfectamente aplicable a las figuras que estamos considerando. En efecto, tanto el Paraíso terrestre como la Jerusalem celeste son el "lugar" donde la Divinidad se hace presente y, en consecuencia, son el "lugar" por excelencia de la Luz, mientras que el exterior representa, precisamente, a las "tinieblas exteriores". Recordemos, no obstante, que el Paraíso terrestre se hizo inaccesible a los hombres después de la "caída", de modo que, para ellos, es una "zona obscura"; es la caverna que ha quedado oculta en el interior de la montaña y que, estando iluminada desde adentro, resulta invisible desde afuera. Recordemos también que sólo los "elegidos" podrán ver a la Jerusalem celeste, la cual será "obscura" para el resto de los mortales. Por eso está escrito en el Bhágavad-Gîtâ (11, 69): "Cuando para todos los seres es de noche, es el momento de despertar para el sabio; y el momento de despertar para todos los seres, es noche para el sabio".

Según sea el punto de vista particular que se adopte, un símbolo podrá servir mejor que otro para sugerir las ideas que se pretende expresar, o bien es el mismo símbolo el que puede sugerir ideas diferentes. Mas todos los puntos de vista particulares no son sino modificaciones más o menos restrictivas y condicionadas del punto de vista principial, que es el de la "Gran Unidad".

"Se ve, pues, muy netamente (…) que el simbolismo tradicional es siempre perfectamente coherente, pero también que no podría prestarse a ninguna 'sistematización' más o menos estrecha, puesto que él debe responder a la multitud de puntos de vista diversos bajo los cuales las cosas pueden ser consideradas, y que es por esto que abre posibilidades de concepción realmente ilimitadas".55

 


Capítulo VII

 

NOTAS
53 La Grande Triade, pp. 37-38.
54 La Grande Triade, p. 38.
55 La Grande Triade, p. 134.

 


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